Recomendaciones nutricionales para la danza



Debido al aumento del gasto energético durante una actividad intensa como es la danza, es preciso proveer la ener­gía necesaria para cubrir estas necesidades bioenergéticas y mantener una rehidratación óptima. La dieta del bailarín debe aportar todos los nutrimentos, qué incluyen hidratos de carbo­no, lípidos, proteínas, vitaminas y minerales en un balance apropiado.

Los hidratos de carbono son el nutrimento energéti­co principal para la actividad anaeróbica corta y también para el ejercicio aeróbico de alta duración e intensidad. Por eso, 50 al 60% de la energía de la dieta debe proceder de los hidratos de carbono, que preferiblemente deben ser de tipo complejo con una alta proporción de fibra. Por ejemplo, conviene balan­cear al gusto almidones, cereales integrales, granos no proce­sados, frutas y todas las verduras posibles frescas y cocidas.



Durante un entrenamiento muy intenso y antes de una competencia, una presentación teatral o un evento deportivo, los hidratos de carbono pueden aportar más energía, que permite evitar la supresión abrupta de las reservas de glucógeno deposi­tadas en los músculos y en el hígado. Así, se recomienda ingerir 150 a 300 gramos de carbohidratos (equivalentes a 600-1200 kcal) unas tres o cuatro horas antes del evento que supone un desgaste mucho mayor. Además, no se recomienda comer lípidos o proteínas antes del evento, ya que obligan a una digestión más lenta y eso naturalmente afecta el desempeño. Para un entrena­miento fuerte el aporte de energía derivado de tos carbohidratos puede llegar a ser hasta del 70%, mientras que para un entrenamiento más moderado bastaría con que el total del aporte dieté­tico contenga 50 a 65% en carbohidratos. Es frecuente encontrar fatiga temprana en algunos atletas, que refleja una mala reserva de glucógeno en los tejidos por la falta de compensación crónica en que han incurrido durante competencias y entrenamientos pre­vios. El glucógeno en el hígado se tarda 24 horas en recuperarse, por lo que es recomendable descansar uno o dos días después de un entrenamiento intenso o competencia y recibir una dieta consistente en 70% de hidratos de carbono durante esta fase de recuperación (un poco a la manera como lo hacen los basquetbolistas profesionales).

La proporción de energía que deben aportar las pro­teínas va del 10 al 20% del insumo calórico total. La recomen­dación diaria actual (RDA) de proteínas para un adulto sano es de 0.8 gramos por kilogramo de peso al día. En adolescentes, que requieren mayores reservas metabólicas, este aporte puede subir a un gramo de proteínas por cada kilo de su peso, diaria­mente. Es común suponer que el atleta o el bailarín requiere más proteínas que el individuo sedentario, pero diversos estudios han demostrado que los requerimientos del deportista se pueden cubrir con una dieta bien balanceada, sin agregarle más proteínas. Además, no se ha demostrado que un aumen­to de la cantidad de proteínas ingeridas incrementa necesaria­mente la masa muscular.



La dieta debe aportar 25 al 30% de energía en forma de grasas. De modo que es innecesario y hasta perjudicial ex­cederse más allá del 30%. De este porcentaje, dos terceras partes deben basarse en ácidos grasos insaturados (los que derivan de aceites vegetales). Por otro lado, quitar las grasas de la dieta afecta de manera importante el rendimiento depor­tivo. Las dietas bajas en grasas difícilmente se pueden com­pensar y Cubrir los requerimientos de hidratos de carbono y proteínas necesarios para recibir un aporte de energía adecua­do para el entrenamiento intenso o prolongado.

Por último, no existen datos científicos de que la suplementación con vitaminas y minerales tenga un efecto di­recto en el desempeño deportivo. Numerosas pruebas demues­tran que simplemente basta ingerir una dieta que incluya los cuatro grupos de alimentos (cereales y tubérculos, productos vegetales, productos de origen animal y lácteos), para que cualquier atleta cubra sus necesidades, dependiendo de su peso corporal y estableciendo un balance óptimo de acuerdo con sus demandas metabólicas. Se ha encontrado una ingestión menor de mícronutrientes tales como el cinc, tiamina, calcio, vitamina 812 y hierro en los bailarines de ballet, lo cual puede corregirse con una dieta balanceada y los aportes Indispensa­bles cuando exista clara deficiencia. Si se detecta anemia por deficiencia de hierro, debe considerarse la suplementación necesaria bajó supervisión médica. Si se detecta suspensión de la menstruación por disminución de efecto estrogénico, se recomienda aumentar el aporte de calcio en la dieta, insistien­do en el consumo de lácteos o mediante un suplemento de 1200 a 1500 miligramos de calcio al día, para prevenir el ries­go de osteoporosis o de fracturas.



En cuanto al consumo de líquidos, se recomienda in­gerir agua natural, sin gas, antes, durante y después del evento deportivo o artístico. Para evitar la deshidratación, es deseable tomar una o dos tazas de agua unos 20 minutos antes de la práctica y tomar media taza de agua cada 10 ó 15 minutos du­rante el ejercicio. No se debe confiar en la sensación de sed para ingerir líquidos, porque ésta puede estar sometida por el estrés físico y aparecer después de lo necesario para su reposición. Después de la práctica o la presentación, cada libra (454 gra­mos) de peso perdida como sudor, debe reponerse con dos ta­zas de líquidos. Una alternativa es prepararse una solución de rehidratación oral, añadiendo azúcares para retrasar la fatiga y la disminución de glucógeno corporal. Es preferible que no sea una carga osmótica fuerte (es decir, muy saturada) por lo que se recomienda que la solución tenga sólo 5% de carbohidratos (qué ya en la solución equivalen a 5 gramos por litro).
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Danza-Revista MX

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