Lic. en Nutrición Aída Payad
Se podría decir que cerca de la
mitad de los bailarines y artistas comen de manera adecuada, entregados como
están a su desarrollo profesional y habitualmente sin un balance dietético
apropiado, comiendo por gusto pero carentes de una idea detallada de sus
requerimientos calóricos. La consecuencia es que un número desproporcionado de
danzantes tiene algún tipo de deficiencia nutricional.
Se han reportado en la
literatura médica cuáles son las ingestas de energía, proteínas, lípidos
(grasas) e hidratos de carbono en bailarines mujeres y hombre. Se ha observado
que la ingestión de energía en las mujeres suele ser baja (alrededor de 34
kilocalorías por kilogramo de peso corporal [kcal/ kg]), en tanto que en los
bailarines del sexo masculino tiende a ser más nivelada (51.7 kcal/kg). En
cuanto a los hidratos de carbono, las mujeres danzantes consumen sólo 38.4% de
su energía en forma de carbohidratos (azúcares, pastas, frutas, etc.), mientras
que los hombres pueden alcanzar 50.2%. De estas cifras deben cuidárselos
contenidos, porque a veces la comida puede ser pobre en contenido vitamínico
(chocolates y dulces, panes o bizcochos, que no contienen micronutrientes
esenciales). Si nos atenemos a las recomendaciones nutricionales que, desde
luego, tienen variantes culturales y por edad, la deficiencia en nutrientes también
se observa en un consumo relativo excesivo de grasas en los bailarines (45%
del contenido calórico de su dieta para los hombres y 34.4% para las mujeres),
en detrimento de un aporte proteico adecuado, que afecta el desarrollo de
músculos y el rendimiento físico. Este desbalance nutricional se ha observado
prácticamente en todos los estudios hechos en torno a la alimentación de
bailarines, incluido México, donde la desproporción de la dieta en favor de
carbohidratos y grasas es muy alto por razones culturales (profusión de
antojitos, frituras, postres, etc.).
Se sabe, además, que las dietas
más restrictivas, en presencia de una complexión magra y ejercicio intenso,
pueden causar hipoglucemia (disminución abrupta del contenido de glucosa en la
sangre, que se traduce en mareos y sudoración o desmayos), desequilibrios de
electrolitos (sodio y potasio bajos), debilidad, fatiga y depresión de
glucógeno (que se almacena en los músculos y determina en buena medida su
desarrollo, su expansión y su rendimiento). En consecuencia, un artista sujeto
crónicamente a una alimentación inadecuada está en desventaja respecto de sus
compañeros y por lo general no podrá ejecutar rutinas que demandan un gasto
calórico alto.
Es común observaren bailarines
ayunos voluntarios, inducción del vómito y yso inapropiado de laxantes y
diuréticos para conservar el peso. Lo que no es posible determinar con estas
prácticas es la proporción de nutrientes y minerales que se pierden en franco
detrimento de su competitividad y su desarrollo profesional. A veces no es
fácil distinguir a los atletas que alcanzan el físico ideal para su deporte o
actividad creativa de los que están sometidos a trastornos de la alimentación,
como anorexia y bulimia, que tendrán repercusiones psicobiológicas graves en su
desarrollo profesional y personal ulterior. A continuación, se muestra un
cuadro con los criterios que permiten discernir en qué consisten estas
anormalidades de la alimentación, con el fin de hacer un llamado de atención
diagnóstica, antes de que sea demasiado tarde en la carrera de un artista.
Resulta obvio que los bailarines enfermos de anorexia o bulimia llegarán a un punto en que no estarán capacitados para soportar las exigencias de la danza. El músculo se desgasta, hay depresión de grasa corporal, deshidratación, hipotermia (disminución de la temperatura del cuerpo), amenorrea y bradicardia (reducción de la frecuencia cardiaca como consecuencia del bajo gasto calórico). Nadie puede rendir físicamente así, estos trastornos tienen un impacto directo en el desempeño artístico y deportivo. Por eso es imperativo establecer un diagnóstico oportuno, cuando aparezcan datos de algún trastorno de la alimentación y referir a la persona afectada para que reciba apoyo nutricional, psicológico y médico en forma multidisciplinaria. De otra forma, su actividad dancística y su vida personal estarán amenazadas con un grave desequilibrio, donde incluso llega a perderse la perspectiva o la razón de origen del problema.
Resulta obvio que los bailarines enfermos de anorexia o bulimia llegarán a un punto en que no estarán capacitados para soportar las exigencias de la danza. El músculo se desgasta, hay depresión de grasa corporal, deshidratación, hipotermia (disminución de la temperatura del cuerpo), amenorrea y bradicardia (reducción de la frecuencia cardiaca como consecuencia del bajo gasto calórico). Nadie puede rendir físicamente así, estos trastornos tienen un impacto directo en el desempeño artístico y deportivo. Por eso es imperativo establecer un diagnóstico oportuno, cuando aparezcan datos de algún trastorno de la alimentación y referir a la persona afectada para que reciba apoyo nutricional, psicológico y médico en forma multidisciplinaria. De otra forma, su actividad dancística y su vida personal estarán amenazadas con un grave desequilibrio, donde incluso llega a perderse la perspectiva o la razón de origen del problema.




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