La danza de los voladores de Tamaletom




La danza ritual de voladores es una manifestación ancestral realizada en México no sólo por totonacos y tepehuas del estado de Veracruz, sino también por nahuas de Hidalgo, nahuas y ñanhñús de Puebla, teenek de la Huasteca potosina, mayas quichés de Guatemala y los pipiles de Nicaragua. La danza se conoce con distintas denominaciones según la lengua del pueblo que la practica. En México, la danza de voladores más conocida hasta ahora es la de los totonacos del municipio de Papantla; no obstante, es importante conocer que la historia de esta práctica se remonta a tiempos ancestrales de lo que era conocido como la amplia región de Mesoamérica.

Debe considerarse que las danzas tradicionales entre los indígenas de nuestro país son expresiones artísticas colectivas que han sido recreadas durante innumerables generaciones. En las danzas, como en otras expresiones de la cultura indígena, se manifiesta la manera particular de entender el mundo por medio de las relaciones entre las personas y las fuerzas de la naturaleza que para ellos representan seres sobrenaturales que regulan la abundancia al igual que las catástrofes.

La danza de voladores es practicada en tiempos actuales por el pueblo teenek de la Huasteca potosina, en la comunidad de Tamaletom, en el municipio de Tancanhuitz, donde se encuentra actualmente el Centro Ceremonial de los voladores. En el ritual teenek los voladores despliegan sus atributos de aves que vuelan hacia Kiichaa, el Gran Señor del Sol, ofrendando también a Miim T´sa baal, la Madre Tierra. Para conocerla mejor, es importante aproximarse a algunos de los aspectos específicos que la conforman, identificando las particularidades históricas y contemporáneas de una expresión del pensamiento simbólico transmitido oralmente por los más “viejos” de la comunidad. Esta manera de heredar el conocimiento ha trascendido los siglos hasta las generaciones recientes de jóvenes como un ejemplo de la persistencia de la memoria colectiva.

En la danza teenek, los voladores despliegan atributos de gavilanes con el objeto de acompañar al Sol en su viaje del este hasta su ocaso en el poniente. Tiene entre sus propósitos, el lograr una buena vida y abundantes cosechas. Es necesario señalar que el vuelo en sí mismo, considerado a veces erróneamente como un espectáculo, es sólo una de las partes de un ritual más complejo que se divide en diversas etapas a lo largo de varios días. El ritual inicia con la búsqueda en la selva del “palo volantín” que ha de servir de mástil, y una vez localizado, habrá que ofrecer una ceremonia de petición para cortarlo al “Señor, dueño del monte”. Así, en lo subsecuente, se preparan alimentos especiales para los voladores, se escuchan diferentes sones y se aprecian danzas al pie del “palo”.

De manera breve, a continuación se describe dicha danza ritual y algunos de los elementos simbólicos comprometidos en la misma. BIxom T’iiw o Danza del Gavilán. Inicia el ritual sobre la tierra con la danza de los hombres que tocan flautas y tambores, mientras otros seis van vestidos de manta con bandas cruzadas en el pecho de color verde y amarillo; éstos son los voladores. Hay un gran palo de 15 metros que en el momento de la ceremonia se convierte en el centro del Cosmos, alrededor del cual las mujeres, hijas de la Madre Tierra, danzan en círculo con pasos cortos y rítmicos. Todas llevan su atuendo tradicional del que se distingue el petob (tocado en la cabeza), la falda, la blusa y sobre ésta, el dhayemlaab (como se le llama en lengua teenek, conocido también como quechquemitl en nahuatl), que para algunos significa el universo mismo. Después de ellas siguen los danzantes voladores quienes caminan alrededor del palo sagrado, deteniéndose en cada uno de los rumbos cósmicos para pedir y agradecer al mismo tiempo que esparcen el humo del copal, echan buches de aguardiente y hacen sonar el caracol. Sólo cinco de ellos subirán colocando sus pies descalzos sobre la cuerda enredada al tronco; cuatro llevan un gorro con plumas rosas, pero en esta ocasión, el capitán las lleva grises, y es él quien al subir se colocará con tenso equilibrio en el centro del universo y mantendrá la música y la danza soplando un silbato.

Se lanzan al vuelo en ofrenda al Dios solar o Dios maíz, Dhipaak, quien se transformará en gavilán invocando buenos augurios y cosechas abundantes para la sobrevivencia de su pueblo. Los voladores descienden, atados sólo por la cintura, arrojándose al vacío en un descenso ancestralmente peligroso. Sólo entonces se convierten en gavilanes y sus brazos y manos son extensiones de las alas que sostienen plumas largas, logrando mejor aún la semejanza con el vuelo de las aves.
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