La danza como terapia, la Eutonía




Actualmente existen diferentes técnicas que se basan en el movimiento y  que pretenden mejorar la salud psico-física de quienes las practican o que  preparan para una mejor actuación en diferentes profesiones, o en la vida cotidiana.

La eutonía


Gerda Alexander
El sistema eutónico creado por Gerda Alexander (1976) “propone la cabal  recuperación del cuerpo para que, en una perfecta simbiosis con el espíritu, el hombre  alcance la plenitud de sus posibilidades”.  Eutonía del griego eu (bien, armonioso) y tonos (tensión) aspira a un equilibrio  de las distintas tensiones que coexisten en el cuerpo; es un método para  experimentar la unidad psicofísica del hombre y para facilitar el intercambio  dinámico con los demás. Esta unidad se consigue con la observación intensa y  una actuación consciente sobre nuestras tensiones muscular y nerviosa, para  que lleguen a un estado armonioso. Se actuaría sobre el tono de los músculos  estriados y lisos, sobre le sistema neurovegetativo y sobre el sistema  neuromotor.

La eutonía no es un método extraño que tenga que incorporarse a la vida;  por el contrario, se aplica en todos los momentos y actividades de la misma.  Interesa por igual a sanos y enfermos, a deportistas, a bailarines, a los que  realizan un trabajo físico o un trabajo intelectual, ya que su objetivo es lograr  que el hombre llegue a su propia esencia y actúe de forma creativa.

Su procedimiento no es desvelado en ningún libro, es algo que requiere la  enseñanza y guía de un profesor especializado, que a su vez se ha formado un  mínimo de 3 a 4 años. La lógica de este hecho es que cada intervención es  individualizada para cada persona, aunque el ejercicio practicado sea el mismo,  los resultados no lo son, por tanto no existe un método general.



Pero veamos algunos principios básicos, que convierten este sistema en especialmente interesante para nosotros:

  • La motricidad tiene un papel preponderante en la eutonía, pero no  cualquier movimiento, sino el denominado “movimiento eutónico”. Se trata de un movimiento con autoconocimiento, en el que se ha indagado en lo inconsciente que lo determina.
  • Se trabaja mucho con la imaginación, observando el interior y el exterior y somatizando esa experiencia (observar y sentir).
  • Los sentidos y en especial el tacto son foco de trabajo eutónico.


 Los pasos que se van siguiendo en este proceso serían:
1. Descubrir la sorprendente sensibilidad de la piel, para llegar a una conciencia plena del espacio corporal.
2. Regulación del tono muscular. Se busca la postura natural encontrando las tensiones crónicas que desvelan las posiciones de control eutónicas.
3. Normalización de la respiración a través de la evitación de tensiones.
4. Influencia consciente en las tensiones vegetativas a través de las técnicas de contacto (con el suelo, con otras personas) y acercamiento.



El movimiento eutónico se caracteriza por la facilidad de ejecución y la  poca energía que necesita. Requiere suprimir las fijaciones tónicas.  Para conseguir mejoras en la movilidad de todas las articulaciones se utiliza la  técnica de prolongamiento (contacto con el suelo y el espacio que nos rodea).

Los efectos psicosomáticos de la eutonía serían:
  • Regulación de la imagen del cuerpo.
  • Al solucionar las fijaciones tónicas se acaba con las psíquicas propias de estados depresivos o eufóricos.
  • La regulación del sistema vegetativo elimina alteraciones psicosomáticas, neurosis, depresiones hormonales, frigidez, esterilidad, …


De las muchas aplicaciones que ha tenido la eutonía, una ha sido el campo  de la música, en el que la propia Gerda Alexander se adentró para ayudar a los  músicos de orquestas. La eutonía puede hacer que una pieza musical pase de  sonar bien a secas a escucharse maravillosamente o puede hacer que la pieza  adquiera la identidad que el compositor quiso darle. La forma en que el pianista  apoya los dedos sobre el piano o cómo se sienta en la silla se transmiten en la  música que toca. Pero sobre todo lo que le da la eutonía al músico es la  posibilidad de explorar de manera consciente, propia, íntima, su modo de ser  músico.



La educadora musical Violeta Hemsy de Gainza y la eutonista Susana  Kesselman ofrecen en su libro “Música y Eutonía” (2003) recursos técnicos y  conceptuales relacionados con una pedagogía de la sensibilidad y el  movimiento, y proponen herramientas e intervenciones operativas variadas  para la producción de lo que las autoras llaman cuerpo en estado de arte; es  decir, de una disposición que libere al cuerpo de estereotipos y le permita  inventar otros cuerpos, otros tonos posibles.

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