Algunos aspectos psicológicos en los profesionales de la danza



El desarrollo profesional del bailarín  se caracteriza por unos retos constantes (que pueden causar desajustes físicos y psicológicos), así como por recompensas que les mantienen ligados a la danza. Sin la intensión de realizar un listado exhaustivo, he aquí alguno de los más destacados.

El escenario en el que se hallan los bailarines, combinado con la historia de sacrificios y dedicación invertida a lo largo de su formación hacen del éxito profesional una necesidad más que un objetivo. L.H. Hamilton W.G. Hamilton señalan que para un bailarín tenga éxito debe poseer una extraordinaria dedicación a la danza, una capacidad ilimitada para trabajar duramente y la habilidad para perseverar con un grado mayor o menor de dolor constante. En el mismo sentido, Wainwright y Turner apuntan que el éxito precisa  de cierta dureza mental, de capacidad de trabajo, de talento y de sentir pasión por la danza. Sin embargo,  a veces estos factores pueden llegar a ser contraproducentes. Un excesivo perfeccionismo, por ejemplo, puede llevar a los bailarines a proponerse metas poco realista y la ambición por logar dichos resultados puede constituir un factor de riesgo y lesionarse. Estos bailarines que L.H. Hamilton y cols. denominan overachievers, nunca están satisfechos y se empujan a si mismos más allá de sus límites. De manera relacionada, la voluntad de perseguir el éxito puede llevar a los bailarines a trabajar muchas horas al día sin tener en cuenta las horas de descanso necesarias, con el consecuente riesgo de lesionarse.

Además, se debe tener en cuenta que los requisitos de la danza clásica generan el mismo tipo de factores estresantes en diferentes culturas (L.H. Hamilton & W.G. Hamilton) Los bailarines de ballet clásico están expuestos a niveles elevados de estrés y ansiedad en su vida profesional. Entre ellos merece la pena nombrar la alta exigencia de excelencia artística, la presión por mantener un peso corporal bajo (algunas veces de manera irreal), horarios de ensayos y actuaciones cambiantes y exhaustivas, la competición, la inseguridad laboral, además, la necesidad de poseer un alto nivel de tolerancia al dolor. Teniendo en cuenta lo anterior, no es extraño que los bailarines consideren el control sobre si mismos como una de las características esenciales del bailarín profesional (WULFF, 2001). Según esta misma autora, para los bailarines ser profesional consiste en conseguir que el público sienta que uno esta disfrutando mientras baila en un día en el que no es así, o en estar ensayando pese a poder apenas tenerse en pie debido al cambio horario o al dolor producido por una lesión, e incluso llegar a actuar con una pareja con la que uno acaba de tener una discusión importante.

Audiciones y los altos niveles de estrés


Como hemos visto hasta ahora, la idiosincrasia de la formación y de la profesión en la danza comporta, en general, un elevado nivel de exigencia tanto a nivel físico como psicológico. No es extraño, pues, que muchos bailarines acaben sufriendo lesiones y problemas emocionales de diversa índole. (SORIGNET, 2006).
L.H. HAMILTON (1997) señala que puede ser complicado solucionar aspectos físicos sin tener en cuenta el gran impacto emocional que estos pueden provocar en el funcionamiento de las personas. En este contexto, el apoyo o la terapia psicológica pueden ser de gran ayuda para los bailarines. El psiquiatra Stanley E.Greben (2002) indica que, como grupo, los bailarines tienden a ser inteligentes, a poseer múltiples talentos ya ser personas altamente motivadas. Además, a consecuencia de su entrenamiento, están acostumbrados a recibir instrucciones, a ser dirigidos y corregidos, y suelen pensar que las personas con autoridad tienen algo que enseñarles y alguna habilidad para ayudarles. No obstante, a menudo no se sienten competentes de manera autónoma, ye dependen demasiado de la guía y opinión de los demás.

La constante orientación de los bailarines hacia lograr un mejora persistente de sus destrezas en la danza comporta a menudo un subdesarrollo en otras áreas de su vida. Por ejemplo, muchos no tienen permiso de conducir, no saben manejarse con los bancos,  y a menudo sacrifican lo estudios por su entrenamiento. Como consecuencia, tienden a carecer de confianza en su habilidad para tener éxito en  en cualquier otro teman que no sea la danza. La inexperiencia en diversos ámbitos de la vida diaria en comparación con el elevado dominio de la danza puede conllevar a una baja autoestima o a un estado depresivo (GREBEN, 2002).

Los bailarines corren riesgo de sufrir determinadas enfermedades debido a su profesión. Por una parte, las exigencias estéticas en la danza llevan a los bailarines a experimentar desordenes en la alimentación con mayor probabilidad que el resto de la población en general. Por otra parte, el miedo a la lesión esta siempre presente y la necesidad de manejar y afrontar las lesiones es común. Envejecer es otra preocupación para los bailarines porque el cuerpo pierde progresivamente sus capacidades. Los bailarines viven con el conocimiento  de que no pueden bailar hasta una edad avanzada (COLOMÉ, 2007). A menudo sienten que no están preparados para la transición a otra profesión y es común negarse o evitar dejar los escenarios. Frecuentemente impera la idea de continuar bailando hasta caerse, o como dicen los anglosajones, dance until you drop.

Como venimos resaltando, para muchos bailarines bailar no es solamente una vocación sino que es toda su vida. A menudo la escuela o la compañía no solo incluyen la mayoría de os colegas de un bailarín sino también amigos y las relaciones personales más significativas. Perder un trabajo en una compañía priva a los bailarines de la mayor parte de sus fuentes de seguridad y placer. Además, dado que la identidad del bailarín se halla íntimamente ligada a su trabajo, la pérdida de este puede desorientarlo.  

FUENTE: 
Estudis escènics, quaderns de l'Institut del Teatre (Barcelona) 2013






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1 comentarios:

  1. O sea que mejor dedicarse a otra cosa, ufff, demasiado tarde me he enterado de esto, jejeje

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