En septiembre de 1980 Jiˇri Kylian viaja a Australia para asistir a un festival de danzas aborígenes. Le sorprende la actitud de respeto y veneración que observa en los bailarines participantes, y se da cuenta de la trascendencia que tiene la danza para su cultura. Los aborígenes allí reunidos, cuya supervivencia está gravemente amenazada por la civilización moderna, son nómadas, y no poseen, por lo tanto, el sentido de pertenencia a un territorio concreto, se desplazan con un equipaje mínimo. No tienen casas, ni cines, ni librerías, ni bibliotecas, ni museos, ni teatros, ni siquiera disponen de ningún lenguaje escrito. Pero poseen unas danzas. Estas danzas constituyen su patrimonio, explican sus leyendas, sintetizan su mitología, sus creencias, su conocimiento. Son aquello que da sentido a su existencia. Así pues, las tratan con mucho cuidado, con el celo de quien venera las cosas sagradas. Las transmiten de padres a hijos, sin cambiarlas, porque las han recibido directamente de los dioses, a través de sueños reveladores.
Los aborígenes
miran, por lo tanto, con mucho interés y curiosidad las danzas de los otros
grupos tribales. Y, finalmente, también dirigen su curiosidad hacia los
visitantes europeos. Se acercan a Jiˇri Kylian y le
piden que les muestre sus creaciones. Entonces el conecta un aparato de video y
les ensena las ultimas coreografías de su repertorio. Los aborígenes las
observan con atención. Después, sin decir nada, se van. Al día siguiente
vuelven y le dicen: ≪Eres un buen soñador≫.
Para los aborígenes
las danzas no se hacen, se sueñan. Ser un buen soñador significa, en
consecuencia, ser un artista inspirado, un médium, alguien que ha tenido el privilegio
de poder materializar un determinado sueño que le han hecho llegar los dioses.
Kylian es,
efectivamente, un buen soñador. Solo así se entiende su extraordinaria capacidad
creativa. Sinfonietta, por ejemplo, la obra que lo lanzo a la fama
internacional, fue creada en tres semanas, durante una gira de la compañía
Nederlands Dans Theater por Israel.
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| Sinfonietta |
El caso es
que este buen soñador, este hombre de imaginación desbordante y discurso fluido,
se convertiría, con el paso de los años, en un punto de referencia obligado para
entender la historia de la danza de finales del siglo xx.
Jiˇri Kylian nació en Praga en 1947. Su abuelo había sido
director de orquesta, su madre bailarina y su padre cantaba en un coro.
Rodeado, por lo tanto, de un ambiente favorable al cultivo de las artes,
estudia piano a partir de los seis años y, a partir de los nueve, danza clásica
en la escuela del Teatro Nacional. A los quince años entra en el Conservatorio
de Praga para continuar los estudios de danza. En este contexto pronto
realizara sus primeras composiciones coreográficas. Durante estos años, además
de estudiar ballet, recibe clases de danza moderna, concretamente de técnica Graham,
ve por primera vez las primeras películas de Bergman, Fellini y Buñuel, así como
un cortometraje que, según explica, le influye profundamente, en el cual se
puede ver a Maurice Bejart danzando la Symphonie pour un homme seul, con
música de Pierre Henry.
En 1967
obtiene una beca del British Council para estudiar en la escuela del Royal Ballet,
en Londres. Con veinte años, pues, aterriza en un Londres en plena ebullición cultural,
donde tiene la oportunidad de asistir a todo tipo de conciertos, exposiciones y
espectáculos, y descubrir coreografías mas clásicas, menos clásicas y
decididamente modernas; o sea, desde trabajos de Frederik Ashton y Kenneth
MacMillan hasta coreografías de George Balanchine, Jerome Robbins, Maurice
Bejart o Martha Graham.
El año
siguiente, cuando se le acaba la posibilidad de continuar estudiando en la Royal
Ballet School, John Cranko lo coge para el Stuttgarter Ballett sin ni siquiera haberlo
visto bailar. Es en esta compañía, que Cranko dirige desde 1961 y que ha
convertido en uno de los grupos más prestigiosos del momento, donde coincide con
John Neumeier y William Forsythe, entre otros.
Cranko era
una persona muy dinámica y entusiasta, que mantenía un trato humano muy
estrecho con los bailarines y las bailarinas de la compañía. Se preocupaba por ellos
y los ayudaba a desarrollar sus talentos y capacidades. Es esta compañía donde Kylian
crea, ensaya y presenta sus primeros trabajos profesionales. También es aquí donde
conoce a su mujer, la bailarina Sabine Kupferberg, que, a partir de entonces,
le acompañara en su larga y prolífica carrera artística.
En 1973,
Cranko muere en pleno vuelo de regreso de una gira por Estados Unidos. Además
de una terrible tragedia humana, la muerte de Cranko supone un golpe muy fuerte
para la brillante trayectoria del Stuttgarter Ballett; un golpe del cual la compañía
tardaría años en recuperarse.
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| John Cranko |
Poco antes de
este lamentable hecho, sin embargo, Jiˇri Kylian había
recibido una oferta como coreógrafo para el Nederlands Dans Theater, una compañía
formada en 1959 por un grupo de bailarines disidentes del Het National Ballet
que, pese haber obtenido un importante reconocimiento por el trabajo de coreógrafos
como Hans van Manen y Glen Tetley, está viviendo unos momentos de cierta
decadencia.
En 1973,
pues, prepara y estrena lo que constituirá su primera coreografía para el NDT;
la primera de una larga serie de cerca de sesenta. La titula de entrada Pictures
Turned Round, y, después, Viewers. Uno de los bailarines que
participan en ella, Gerard Lemaitre, le acompañara en su trayectoria artística
a partir de entonces, bailando en muchas de sus creaciones hasta la actualidad.
Lemaitre forma parte de la compañía que Kylian creo en 1991 para bailarines mayores
de cuarenta años con el nombre de NDT III.
Sin dejar de
coreografiar para el Stuttgarter Ballett, en 1974 monta dos piezas más para el
NDT: Blue Skin y Stoolgame. La buena aceptación que obtienen sus
obras hace que, en 1975, Jiˇri Kylian sea nombrado codirector
del NDT.
Tras un par
de años difíciles, durante los cuales la compañía pasa todo tipo de dificultades
a causa de rivalidades internas, en 1978, Kylian asume finalmente la plena dirección
artística. A partir de este momento, la compañía alcanza de nuevo un lugar
destacado en el panorama internacional.
Durante 1978
Kylian estrena Kinderspelen, Sinfonietta, Intimate Pages, Rainbow
Snake y Symphony of Psalms. Tanto Sinfonietta como Symphony
of Psalms son actualmente consideradas dos de sus obras maestras. Hay que señalar,
en todo caso, que en este momento ya han pasado a formar parte del repertorio
del NDT coreografías de Kylian tan significativas como Return to a Strange
Land (1974), Stoolgame (1974), Verklarte Nacht (1975), La
Cathedrale Engloutie (1975), Torso (1975), Symfonie in D (1976)
o Ariadne (1977).
Symphony
of Psalms, con música de Stravinsky y escenografía de William Katz, es una coreografía
que cabe destacar muy especialmente. En ella encontramos algunas de las características
más celebradas del discurso artístico de Kylian: dominio magistral del espacio escénico;
precisión, intensidad y velocidad en el gesto de los bailarines; trabajo coral
muy afinado; fusión sin fi suras del lenguaje clásico y el lenguaje contemporáneo;
contrapuntos rítmicos y musicalidad exquisita. A todo ello hay que añadir una
gran cohesión de todos los componentes del espectáculo: música, luz, escenografía,
vestuario. En las obras de Kylian todo encaja, nada sobra, hay una especial atención
a todos y cada uno de los detalles. Además de un buen soñador es un buen observador,
y sabe trabajar a fondo los puntos de partida hasta llegar al resultado
deseado. Symphony of Psalms permite, como la mayoría de las creaciones
de Kylian, más de una lectura. El hecho de que el telón de fondo este formado
por esteras, por ejemplo, hace que el retablo al cual se dirigen las plegarias
de esta danza sea justamente el suelo o, si se prefiere, la Tierra. La
espiritualidad de esta obra no excluye, por lo tanto, un canto al hombre en
todas sus dimensiones.
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| Symphony of Psalms |
A partir de
1981 Kylian colabora con el escenógrafo John F. Macfarlane en trabajos tan
memorables como Forgotten Land (1981), Svadebka (1982), Dreamtime
(1983), L’enfant et les sortileges (1984), L’Histoire du soldat (1986) o Tantz-Schul (1989).
Macfarlane ayudara a dar a las producciones de Kylian un alto nivel desde el
punto de vista estético y visual. L’enfant et les
sortileges, con una excelente escenografía suya, es galardonada con el Hans
Christian Andersen Ballet Award de Copenhague. La lista de premios que Kylian
recibe a lo largo de su carrera artística es, por otra parte, interminable: el
Westend Theatre Award, de Londres; el Nederlandse Choreografi e Prijs; el Grand
Prix International Video- Danse, de Nimes; el Premio Danza&Danza, de Milán;
el Benois de la danza, de Moscú; el Premio di Teatro di Roma; el Angel Award,
del Festival de Edimburgo; tres premios Nijinsky de Mónaco, sin olvidar, evidentemente,
el Premio de Honor de Danza del Institut del Teatre, en 1998.
Jiˇri Kylian es un hombre del Renacimiento en pleno siglo xx: además
de coreografiar compone, si hace falta, la música, toca el piano, diseña las escenografías,
el vestuario o las luces. Incluso acompaña las clases de danza con el piano
cuando no hay pianista. Le gusta leer, aprender constantemente, ir al teatro,
asistir a conciertos y exposiciones, hablar con otros artistas, viajar. Seguramente
por eso su obra es tan diversa. Su espíritu inquieto le lleva a crear piezas de
planteamientos muy diferentes. Cabe decir que a menudo estas piezas tan diferentes
han sido creadas de forma simultánea, lo cual no deja de resultar, hasta cierto
punto, sorprendente. Coinciden en el tiempo, por ejemplo: Overgrown Path (1980),
un poema coreográfico de gran lirismo, creado a partir de la música de piano que
Janacek compuso con motivo de la muerte de su hija, y Nomaden (1981),
donde incorpora la gestualidad de los aborígenes australianos; Torso (1975),
mucho más dramática, y Symphony in D (1976), una parodia sobre la danza clásica;
Evening Songs (1987), envuelta en una delicada aura de espiritualidad, y
Frankenstein!! (1987), con escenas y gags propios del lenguaje de los
comics. Compone, por lo tanto, en terrenos siempre diversos. Su curiosidad es inacabable;
su capacidad de crear, también. ≪Procuro trabajar en dos obras a la
vez≫,
nos explica, ≪cuando estoy acabando una ya estoy empezando la
siguiente≫. Kylian necesita expresar al mismo tiempo, por lo tanto,
aspectos diversos de su yo. Le gustan los contrastes y, si no los puede incluir
en una misma obra, lo hace en dos que compone al mismo tiempo. En algunas de
sus creaciones se acerca al lenguaje teatral incluyendo gags cómicos (Piccolo
Mondo, Sechs Tanze, Arcimboldo) o bien abordando ballets
narrativos como L’Histoire du soldat o L’enfant et les sortileges, en otros se recrea en un
discurso mucho más poético, hermético o formal. En algunas se percibe una
cierta expresividad oriental (Kaguyahime, Dreamtime, November
Steps, One of a Kind), en otros se nos muestra, en cambio, a través
un barroquismo sensual y festivo (Arcimboldo). En algunas se respira un
fuerte sentimiento de vitalidad (Sinfonietta), en otras se puede sentir
la presencia trágica de la muerte (Overgrown Path, Heart’s Labyrinth, Half Past). Algunas crean atmosferas
intensamente eróticas (Petite Mort, Bella Figura, Sweet Dreams),
mientras otras, sin embargo, interpretadas en un espacio oscuro, sin límites,
adquieren una extraña profundidad filosófica (Whereabouts Unknown, Stepping
Stones) y parece que la escena se vuelva entonces un microscopio que Kylian
enfoca sobre la vida.




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