Medicina de las artes escénicas y la danza



La historia de la medicina de las artes escénicas y de la danza se remonta hasta el año 1700 cuando Bernardino Ramazzini publicó un tratado titulado Diseases of the Workers. Éste y otros autores asentaron los cimientos de lo que más adelante se conocería como la medicina industrial. El siglo XIX fue testigo de las primeras descripciones y documentaciones de lesiones y enfermedades características de los atletas. En 1928 tiene lugar el primer Congreso Internacional de Medicina del Deporte en Ámsterdam. A partir de entonces, diferentes autores han centrado su atención en las lesiones de los bailarines. Por ejemplo, en 1977 W.G. Hamilton publica un estudio sobre la tendinitis en los bailarines profesionales de ballet. Poco después, en 1979, se presenta en Los Ángeles y Nueva York el primer Simposium Internacional sobre aspectos médicos y traumatológicos de la danza. En este contexto aparece por primera vez el término medicina de la danza. Estos Simposiums sirvieron de estímulo para la organización de otros similares en diferentes partes del mundo, así como para la creación de clínicas y servicios especiales dirigidos a los bailarines. Es en la conferencia de 1990 en Barcelona, donde se crea la Asociación Internacional de Medicina y Ciencia de la Danza (Ryan, 1998).



La medicina de las artes escénicas surge como una subespecialidad comparada con respecto a la medicina del deporte, y pretende dar respuesta a las necesidades especiales de los artistas. El interés en Norte América por esta subespecialidad se pone de manifiesto en 1985 con la apertura de veinte centros de medicina para las artes escénicas en ciudades importantes como Nueva York, Chicago, Filadelfia, San Francisco y Toronto. El objetivo de estos centros es atender las necesidades primarias de los artistas (similares a los de la población en general) y tratar los problemas específicos característicos de cada forma de arte. Finalmente, en 1992, tuvo lugar el primer congreso mundial de la medicina de las artes escénicas, consolidando este ámbito de investigación.

A continuación explicaremos con cierto grado de detalle los conceptos de medicina de las artes escénicas, medicina de la danza y ciencia de la danza. Nuestro objetivo es resaltar que la finalidad de estas tres disciplinas es común puesto que persiguen el bienestar de los bailarines ya sea desde la prevención, el tratamiento, el seguimiento o la investigación.



La medicina de la danza forma parte de la medicina de las artes escénicas, especializada en la prevención, evaluación y tratamiento de artistas como los músicos, bailarines, actores o vocalistas. Hallamos diferentes especialidades médicas implicadas en la medicina de las artes escénicas, entre otros, neurólogos, traumatólogos, reumatólogos, otorrinolaringólogos, psiquiatras y médicos de medicina interna, de familia y de medicina ocupacional. También hay otros profesionales como fisioterapeutas, psicólogos, nutricionistas, quiroprácticos, osteópatas, acupuntores, y técnicos de los métodos de Pilates, Feldenkreis y Alexander que tratan a estos artistas. Concretamente, la medicina de la danza explora cómo se produce el movimiento en la danza, investiga las causas de las lesiones, promueve su cuidado, se encarga de la prevención y de llevar a cabo una segura rehabilitación para que el bailarín pueda retomar su actividad.

La ciencia de la danza investiga los aspectos cualitativos y cuantitativos del entrenamiento, el rendimiento y la salud de los bailarines. La investigación en este campo pretende tanto facilitar y mejorar el entrenamiento y la formación como maximizar su efectividad. Dicha investigación tiene como objetivo específico optimizar las actuaciones, mejorar las técnicas de entrenamiento, ayudar en la prevención de lesiones, maximizar el potencial de los bailarines, analizar el impacto de las técnicas somáticas y ocuparse de la salud de los bailarines.



Los datos provenientes de la investigación en este ámbito se han utilizado en la elaboración de manuales que, como el de Koutedakis & Sharp (1999) proponen métodos de preparación y entrenamiento empíricamente demostrados. De esta manera, el diálogo entre la investigación y la enseñanza contribuye a destronar la retórica de los mitos sin fundamento, que justificaría la idoneidad de una técnica basándose en argumentos como por ejemplo “esta es la manera que siempre se ha hecho” “ha funcionado para mí, así que también funcionará para ti” o “no hay ganancia sin dolor”.  

La medicina y la ciencia de la danza se preocupan por y para investigar aspectos biomecánicos, fisiológicos, neuromotores, alimenticios, psicológicos y terapias en las áreas corporales y somáticas. Algunos temas concretos por los que se interesa son el tipo de entrenamiento más beneficioso para los bailarines, la cantidad de asistencia médica necesaria para los bailarines, cómo incrementar el número de programas de prevención de lesiones para los bailarines, así como por el bienestar y la salud de los bailarines en general. Cabe destacar que no olvida los aspectos éticos en la intervención e investigación con bailarines. Asimismo y como resultado de varias conferencias e investigaciones en el Reino Unido a lo que hay que sumar la colaboración de profesionales reconocidos en el mundo de la medicina y ciencia de la danza, se ha creado lo que podemos considerar un código de buena praxis para la salud y el bienestar de los bailarines, donde se tiene en consideración lo que deberían hacer los bailarines, coreógrafos, profesores y administradores.




Con el fin de constatar el desarrollo del ámbito de la medicina y ciencia de la danza, R. Solomon & J. Solomon (2003) analizan la tendencia de las investigaciones en este campo. Entre los resultados de este estudio destaca que en el año 2000 los autores hallaron 2.006 referencias sobre la medicina y la ciencia de la danza en artículos escritos en lengua inglesa. En cuanto a los temas de investigación a los que se ha dedicado un mayor número de publicaciones, cabe señalar que los aspectos psicológicos (entre los que se incluye la personalidad, el estrés, la memoria, o la percepción) se hallan en el segundo puesto con un total de 296 publicaciones. La categoría de trastornos de la alimentación se computa separadamente, alcanzando la cifra de 192 publicaciones.
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2 comentarios:

  1. no hay nada importante no se para que lo ponen y no me sirvió para mi tarea le voy a decir a todos que no lean ni vean esto

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