Para algunos
autores, el nacimiento de la música y la danza pudo ser simultáneo, es el caso
de autores como Alcover y Lafuente que opinan lo siguiente: “Suponemos, por los
datos conocidos, que los sonidos o ruidos rítmicos y los cantos que acompañaban
a la danza, fueron las primeras manifestaciones musicales del hombre primitivo”.
Los hombres primitivos pudieron imitar los movimientos de la naturaleza, el
balanceo de las ramas y las hojas con la brisa, el discurrir del agua en los
ríos, los ágiles movimientos de sus presas, y también los sonidos del medio en
el que vivían, podían recrear con sus pies los estremecedores truenos de las
tormentas o con sus manos las gotas de lluvia al caer con fuerza. El ritmo
nació con y para la danza.
Para otros
autores, la danza es considerada como la primera de todas las artes, anterior a
la música, a la pintura o a la escultura. Según Haskell: “La danza puede que
sea la más antigua de las artes, y es un arte que no necesita ningún instrumento
más que el cuerpo del bailarín. La música vino después”. El origen de la danza
se encontraría entonces en aquel primer ser humano que, en medio de una especie
de éxtasis, saltaba corría, giraba y repetía gestos rítmicamente una y otra vez
expresando sus sentimientos, tratando de alejar sus miedos o dando rienda
suelta a su alegría.
De similar
opinión se muestra, Sachs cuando manifiesta que: “La danza es la madre de las
artes. La música y la poesía existen en el tiempo; la pintura y la escultura en
el espacio. Pero la danza vive en el tiempo y el espacio (...)”. El hombre creó
con su cuerpo la danza antes de usar la materia o la palabra como vehículo de comunicación
y expresión.
Probablemente
los documentos más antiguos que hacen referencia a la danza provengan de la
época paleolítica, figuras tales como la de Gabillou,
la de Trois-Frères o la del semirredondel de Saint-Germain o
formaciones como la ronda de Addaura,
dan fe de que ya entonces los seres humanos eran capaces de buscar el éxtasis o
de emular la imagen de otros seres, ficticios o no, a través de la danza
(Bourcier).
![]() |
| Gabillou |
| ronda de Addaura |
![]() |
| Trois-Frères |
![]() |
| semirredondel de Saint-Germain |
En las
primeras formas asociativas, la danza se convierte en un hecho público y social,
con una primera muestra colectiva de danza en círculo que se ha mantenido a lo
largo de la historia y en todas las culturas. La danza, en estos primeros estadios,
no está sometida a una disciplina especial a excepción de las posibles reglas de
las ceremonias rituales. Para estos hombres, que aprendían básicamente de la experiencia,
gran parte de las circunstancias que les rodeaban estaban fuera de su control.
Es por esto, que los hombres primitivos utilizaban la danza como un poder sobrenatural
que les permitía comunicarse con supuestos seres superiores, dioses, espíritus
o seres de ultratumba que influían poderosamente en sus vidas, danzando en algunas
ocasiones para contentarlos y, en otras, para calmar su ira. También, a través de
ritos danzados, conmemoraban hechos destacados de su existencia tales como nacimientos,
fallecimientos o el paso de la pubertad y se trasmitían conocimientos considerados
como imprescindibles para la supervivencia de la comunidad.
Vemos así que
ya en tiempos remotos, en épocas en las que la danza es sinónimo de ritual
mágico-religioso, la comunicación, la expresión de emociones y la celebración
son finalidades inherentes la danza. Podemos seguir al ser humano a través de
la historia y observar como la danza le acompaña con la misma o parecida intencionalidad.
Bibliografía
ALCOVER
ALCODORI, F. y LAFUENTE AVEDILLO, R. Historia
de la música y del arte de las culturas antiguas, Rivera Editores, Madrid,
1996.
HASKELL, A.L. El maravilloso mundo de la danza, Aguilar
S.A., Madrid, 1971.
SACHS, C. Historia universal de la danza, Centurión, Buenos Aires, 1944.
BOURCIER, P. Historia de la danza en Occidente,
Editorial Blume, Barcelona, 1981.



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