MINKUS: Ludwig o Aloisius o León.
Un
compositor de música para ballet del siglo XIX, muchas veces denostado, aunque
su obra sigue vigente en el siglo XXI. Fue colaborador de Marius Petipa, y
trabajó en la primera etapa del Academicismo, y cuando se retiró en 1870, su
música siguió utilizándose en los nuevos ballets de Petipa.
La
reposición, reconstrucción, o adaptación del mundo balletístico académico de
Marius Petipa se produjo notoriamente años después de la terrible Segunda
Guerra Mundial (1945).
| Ludwig Minkus |
El
retorno de los ballets de Petipa después de 1945, había de traer consigo la
vuelta de la música que, para muchas de sus obras, había compuesto el
compositor Ludwig Minkus. Entre ellas estaban “Don Quijote”, “La Bayadera”, y
el “divertissement” de “Paquita”. No eran del todo desconocidas. En las
primeras décadas del siglo XX, Anna Pavlova había llevado algunas en el
repertorio de su Compañía itinerante. En tanto que “La Bayadera” había sido
repuesta a comienzos de los años ’20 en la Ópera de París por pedido de la célebre
Olga Spessítzeva. Pero los músicos, que casi siempre dirigieron los destinos de
los grandes teatros líricos, se referían a esos ballets denostando y
despreciando su música. Ni hablemos del Teatro Colón, donde un fragmento
musical de Minkus recién pudo escucharse como base, presumiblemente, del
pas-de-deux de “Don Quijote” a mediados del siglo XX.
Repentinamente,
en los años ’70, ’80, ’90, y lo que va del ‘2000, una cascada vertiginosa de
ballets con música de Minkus nos hicieron conocer –casi como habitual- parte de
la obra del compositor que vivió muchos años del siglo XIX y murió en 1917. Por
su parte, los discos de 33 rpm y los compactos de hoy, han divulgado
ampliamente esa parte de la música de Minkus.
El
compositor habría nacido en la capital del Imperio Austríaco: Viena, aunque no
existe certeza sobre el lugar exacto, en el año 1826. De profesión violinista,
aventajado en la ejecución de su instrumento, viajó a la Capital de Rusia, por
entonces San Petersburgo, meta de tantos artistas que se sabían bien pagados en
el Imperio de los Románov.
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| Ballet Don Quixote (Cía Ardentía) |
Volvamos
a Minkus, quien ya en 1861 aparece en Moscú como Maestro de conciertos en el
Bolshoi, lugar donde también dirigió la orquesta. El cumplimiento de sus
obligaciones, y cierto reconocimiento adquirido, le valieron ampliar sus
funciones con las de profesor de violín en el Conservatorio, e Inspector de las
Orquestas Teatrales Imperiales. Ese reconocimiento le llegó en parte por ser el
autor de un ballet muy divulgado: “PLAMIA LIUBWI ILI SSALAMANDRA” lo que
significa “La llama del amor, o sea La Salamandra”, en Occidente conocido como
“Fiammetta”, con coreografía de Arthur de Saint-León, coreógrafo de la bien
conocida “Coppelia”.
El mismo
Saint-Léon, quizá a pedido de Minkus, se ocupó de difundir en Francia el
prestigio adquirido por el músico en Rusia, y logró que la Ópera de París, por
entonces la lujosa Sala Le Peletier, montara en su escenario el ballet de
Minkus. Recibiría otro nombre: “Neméa o sea El Amor Vengado” siempre
coreografiado por Saint-Léon, aunque evidentemente con algunas adaptaciones y
modificaciones respecto del original.
El éxito
de ese ballet valió a Minkus otro encargo para una coreografía del mismo
Saint-Léon: “La Source”, pero aquí habría de poner música sólo al primer acto y
al segundo cuadro del tercero, puesto que la aparición de un nuevo compositor
francés no bien conocido hasta el momento llevaría a las autoridades a poner en
manos de este último el resto de la música. Nos referimos a Leo Delibes.
La
comparación de ambas partituras determinó prontamente que el público parisiense
amara la más melodiosa música de Delibes, quien más adelante daría al arte del
Ballet “Coppelia”, y luego “Silvia”. A Minkus se lo juzgó como de menor
imaginación, más debil como compositor.
No
quedaba otro camino que el de retornar a San Petersburgo para colaborar allí
una vez más con Saint-León. Reinstalado compuso dos nuevos ballets: “Zolotaia
Rybka” (El Pequeño Pez Rojo), y “Liliia” (El lys), que datan de 1868 y 1869,
respectivamente. Este último año un nuevo coreógrafo de origen francés llamado
Marius Petipa comenzó a crear obras para los Ballets de los Teatros Imperiales.
El primero se llamó “Dosch Faraona” (La Hija del Faraón), basado en el libro
“La Novela de la Momia”, de Teófilo Gautier. Pero no era Minkus el autor
musical, sino quien hasta el momento detentaba el cargo oficial de Compositor
de Música de Ballet, el italiano Césare Pugni. A poco de comenzada la
colaboración Pugni-Petipa, murió Pugni, y el cargo que ocupaba quedó vacante.
No
tardaría en llegar a ese puesto nuestro conocido Minkus, quien acababa de crear
para el Bolshoi de Moscú su primer trabajo con Marius Petipa: “Don Quijote”,
más tarde llevado a la escena del Mariinski de la capital imperial, totalmente
renovado, y adaptado para el público más clásico y exigente de San Petersburgo.
Fue el comienzo de una relación feliz y constructiva para el ballet académico,
y ambos, Petipa y Minkus, serían no sólo amigos. Minkus debió obedecer
fielmente las órdenes de Petipa como nuevo coreógrafo jefe y artista
absolutamente reconocido en el Imperio ruso.
Aquellas
órdenes eran terminantes. No eran precisamente las épocas que habían de vivirse
cuarenta años después, con un Igor Stravinski más despótico que los coreógrafos.
La época académica del Ballet estaba caracterizada por el dominio del
coreógrafo llamado entonces Maître de Ballet. Él decidía qué música se debía
componer, cuántos compases integraban sus necesidades coreográficas, si quería
una mazurka o una polka, y dónde correspondía un adagio. Podía intercambiar la
música ya compuesta para determinado fragmento y ubicarla en otro tramo del
ballet. Él ordenaba si debía ser muy alegre, dramática, o que sonara como una
tempestad o un sueño del que despertaba el protagonista. Más aún, el Maître de
Ballet podía ordenar que a la música ya creada por el compositor, se le podía
interpolar o adicionar música de otro, un agravio que nunca aceptarían los
posteriores creadores y que sí debió aceptar Minkus.
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| Partitura de La Bayadera |
Claro
está, con esas imposiciones pautadas, era muy poca la libertad que se le daba
al compositor para dar rienda suelta a su inspiración... En esas condiciones
laboró Minkus durante más de veinte años, y no podemos afirmar que haya sido un
compositor de mal gusto, que de sus partituras se desprenda un mal
acompañamiento para la danza, y mucho menos podríamos aseverar que no hubiese
puesto toda su voluntad para lograr un resultado aceptable. Por el contrario,
de sus extensos ballets “Don Quijote”, y “La Bayadera” se desprende un afán por
sinfonizar levemente la música balletística, aunque tibiamente aún.
Consideremos el largo fragmento de “El Reino de las Sombras” de la mencionada
“Bayadera”, y los inicios del cuadro del sueño de Don Quijote con la visión del
jardín de Dulcinea, para no citar más que dos intentos de sus esfuerzos. Por
otra parte, sus ritmos valseados, cierta melodía de grata audición, las
originales, aunque no exactas representaciones, de la España elaborada por
Petipa, y la música gestada para realce de las figuras protagónicas, han dado a
Minkus un lugar especial en la historia de la Música para Ballet, lugar que
evidentemente tiene con justicia, desde que su música sigue escuchándose como
soporte de los ballets académicos de Petipa, aún hoy a siglo y medio de su
creación. Más de un compositor sinfónico u operístico querría haber tenido tal
destino en la historia, olvidadas sus composiciones, mientras que la música de
Minkus ha hallado hasta una adecuada difusión por medio de las grabaciones
actuales en discos compactos, y en el video. Y sus partituras ejecutadas por
famosas orquestas de relevantes teatros, como ocurrió en la Ópera de París al
montarse “Don Quijote” y “La Bayadera”, ambas según la concepción de Rudolf
Nuréyev; o en el Covent Garden de Londres, o en la Scala di Milano, y el
Metropolitan de Nueva York, para no citar más que los foráneos. El Teatro Colón
y el nuevo Teatro Argentino de La Plata, éste apenas reinaugurado, han
escenificado ballets con música de Minkus. ¿¿¿ Y por qué no citar que hace ya
más de treinta años la música de Minkus llegó al cine con el film “Don Quijote”
de Nureyev??? Reconocimiento indirecto, pero reconocimiento al fin, al que
jamás llegaron otros compositores famosos.
Retornando
a la sociedad artística Petipa-Minkus: marchó exitosamente durante parte
significativa del período académico. Estrenaron así ballets como “La Camargo”,
“Les Brigands”, “El Sueño de una Noche de Verano”, “Roksana”, “Pequeño Copo de
Nieve”, numerosos y extensos números agregados al ballet “Paquita” del músico
francés Deldevez, ampliado así y remontado por Petipa en 1881. También hay
otros que han caído en el olvido, pero hemos de rescatar “Ssoraiia ili
Mawritanka w Ispanii” (Soraya, la mora de España), sobre todo porque Alecsandr
Gorski reformó profundamente el “Don Quijote” de Petipa, adicionándole al
primer acto una entrada de ocho toreros y la danza para una bailarina en la
calle. Como Minkus ya estaba retirado y de regreso en su Austria natal, Gorski
tomó parte de la música de “Ssoraiia” que se ha adaptado perfectamente a
posteriores versiones de coreógrafos internacionales.



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