Este texto esboza algunas características comunes entre la danza y el fútbol; es importante resaltar que es poco lo que se ha hallado en la literatura frente al tema, sin embargo se encuentra algunos autores que han logrado identificar aspectos afines entre estos dos campos.
Entre fútbol y danza hay una interesante relación; en primer lugar algunos gestos del fútbol tienen parecido con movimientos propios de la danza. Por ejemplo una finta, un regate y algunas complejas jugadas en las que los jugadores de brillante accionar encadenan de manera armónica movimientos incluso descritos por los cronistas deportivos como danza con el balón, las cuales se asemejan a determinados gestos que hacen parte de los movimientos en la danza.
Cuando se habla del gol que Maradona le convirtió a Inglaterra en el mundial de México en 1986, la jugada previa a la consecución del gol es descrita como una danza en la que las fintas, gambetas y filigranas fueron de fantasía; así se hace alusión al considerado por muchos como el mejor gol en la historia de los mundiales, cuando el pelusa inicia su apoteósica jugada en la mitad del terreno de juego eludiendo a cuanto adversario se encontrara en su camino, para culminar su majestuosa obra con el júbilo del gol.
Algunos autores consideran que existen ciertos aspectos comunes entre el fútbol y la danza. En el periódico Vanguardia del 10 de julio del 2005, se encuentra un interesante artículo basado en una conferencia pronunciada por Gelabert en Darmstas (Alemania) previo al Mundial 2006, sobre las similitudes entre la danza y el fútbol. En la entrevista realizada por Llátzer Moix a Gelabert, éste bailarín de 52 años, considerado como el decano de la danza contemporánea catalana, quien además en su juventud tuvo la oportunidad de jugar fútbol, plantea tres aspectos importantes para argumentar las similitudes que, sostiene él, hay entre la danza y el fútbol.
Equilibrio, ritmo y manejo del espacio
El primer punto en común es el desarrollo del equilibrio que se realiza tanto en la danza como en el fútbol, pues dice que el problema para bailarines y futbolistas consiste en liberar de peso una pierna para que pueda actuar como un tercer brazo; mientras una pierna vuela y dibuja movimientos en el aire (caso del bailarín) o regatea y remata (caso del futbolista), la otra debe cargar con el peso del cuerpo y sostenerlo en equilibrio.
estimular en el futbolista un mayor control de su centro de gravedad, permitiéndole mejorar el grado de estabilidad de su cuerpo tanto en las acciones con balón como en las acciones sin posesión del balón.
El segundo punto en común entre bailarines y futbolistas es el ritmo; mientras un bailarín debe ingeniárselas para mantener la cadencia de sus pasos y adaptarlo a la música que baila, un futbolista debe correr y al tiempo controlar el balón con los pies, eludir el acoso de los rivales y mantener la visión de su equipo, además uno y otro tienen que acoplar su ritmo personal al del conjunto.
El tercer aspecto en común es el manejo del espacio y la ocupación del mismo por los integrantes del equipo en su respectiva actividad; esto lo considera Gelabert básico en la danza y también en el fútbol, porque en ambas actividades se debe tener control del espacio; quien práctica la danza debe aprender a orientarse en el espacio en relación con los demás personas y los objetos, conservando unas distancia, realizando algunos acercamiento de forma coordinada y estética, de igual manera en el fútbol los movimientos de cada jugador en el espacio de juego deben estar en armonía con los movimientos de los demás integrantes del equipo en pro del buen funcionamiento colectivo del equipo, a partir de una buena ubicación espacial teniendo en cuenta que existe una oposición del adversario.
La danza: una plataforma para el desarrollo de la técnica del fútbol
Finaliza diciendo “Queda la hipótesis abierta a futuras investigaciones de si tanto el fútbol como el tango
están emparentados en la creación de un estilo criollo a través de similares experiencias corporales, como la ejecución de su danza, en el caso del tango, donde la pareja de baile acariciaba el suelo con movimientos suaves y precisos de los pies y a los criterios estéticos de la gambeta en el fútbol que conformaban al jugador habilidoso, pícaro, de potrero, que lleva la pelota atada a los botines” Se puede ver el interés del autor para demostrar esa relación desde la mirada antropológica entre la danza del tango y fútbol, esbozando cómo en su inicio ambas actividades tienen un origen caracterizado por un estilo propio denominado “criollo”, donde el criterio estético enmarca un estilo de expresión corporal; además determina como escenarios de inicio para la danza del tango y el fútbol, un espacio abierto y del común, la calle y el potrero respectivamente. En ambos el movimiento de los pies es la parte más valorada a la hora de ejecutar una acción, el gesto, la expresión motriz del individuo.
Lo anterior permite concluir que a través de la relación danza fútbol se puede crear una estrategia de tipo pedagógico en la que los contenidos trabajados a partir de la danza favorezcan el desarrollo de muchos de los componentes del fútbol, en especial la técnica, pues cada uno de los pasos que componen una estructura dancística pueden dar origen a la plataforma sobre la que posteriormente se desarrolla la técnica propia del fútbol, los giros, desplazamientos, saltos, entre otros movimientos; éstos conforman la base sobre la cual el futbolista desarrolla sus destrezas y habilidades, las cuales le permiten tener una actuación sobresaliente; cada paso aprendido, cada combinación de movimiento practicada, generan nuevos patrones de movimiento que puede ser posteriormente transferidos a las acciones que ejecuta el futbolista en el terreno de juego para dar una respuesta motriz eficaz y oportuna ante las exigencias propias de este deporte.












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